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Aunque es cierto que en esos barrios hay una alta incidencia de los delitos comunes, no se la puede atribuir, como se desprende del texto analizado, al predomino entre sus habitantes de “un decalaje y una destrucción de valores sociales y de nociones sobre las cuales se estructuran las sociedades progresistas” y de un “repudio de la vida civilizada”: si en ellos la incidencia de tales hechos tiene un peso mayor que en el resto de la ciudad, habría que explorar cuánto influyen factores físicos y urbanísticos como la laberíntica trama urbana de muchas barriadas y la dificultad de acceso para las fuerzas de orden público, para no mencionar su ineficiencia y corrupción. Como resulta, tanto de la abundante investigación realizada en la materia como de testimonios recabados de manera menos rigurosa, en los barrios de las ciudades venezolanas, por encima de las carencias y la adversidad, predominan valores de solidaridad, respeto ciudadano y deseos de superación tan notables que en estos últimos años han sido capaces de resistir con éxito la intensa campaña, dirigida desde el vértice del poder, orientada a sembrar artificialmente el odio y el resentimiento por parte de un régimen que pretende justificarse sobre la base de una lucha de clases prefabricada pero que podría tener consecuencias letales.1

En lo que Uslar tiene razón En lo que sí tiene razón Uslar es cuando afirma que en ningún caso el problema de fondo es de vivienda sino de la capacidad de la sociedad para ofrecer capacitación y empleos dignos a todos sus habitantes. Sin desconocer lo importante que es atender a la mayor brevedad las necesidades de vivienda de las familias, agrega sin embargo: “pero quedaría en pie el problema que no es de vivienda, sino de estilo de vida y capacidad de trabajo”.Y aquí la reflexión se empalma con la coyuntura actual, en la cual un gobierno antiguo ya de doce años, que registra, con mucho, el peor rendimiento en materia de producción de viviendas de la Venezuela moderna y cuyas políticas han llevado, además, al desmantelamiento del sector, presionado por una

coyuntura electoral anuncia de buenas a primeras, por boca de su más autorizado vocero, la intención de construir en los años por venir más viviendas de las que nunca construyó gobierno anterior alguno: al no encuadrarse en ninguna política urbana ni de construcción de una economía productiva, generadora de empleos dignos y estables, deviene en una oferta engañosa destinada al fracaso más estrepitoso pero que no nos permite eludir nuestras propias responsabilidades. A trancas y barrancas la mayoría de los venezolanos ha conseguido resolver lo fundamental del problema de la vivienda, pero quedan pendientes retos que, si no son respondidos, terminarán anulando logros alcanzados con extraordinarios esfuerzos. Entre esos retos está el de producción de ciudad, tanto en el sentido de incorporar plenamente a ella los barrios autoconstruidos donde habita la mitad de nuestra población urbana actual, como en el de alojar los 18 millones del incremento poblacional equivalente prácticamente a la población total del país en 1990- esperado para dentro de 20 años. Pero eso será imposible sin la transformación de la actual economía rentista, cada vez más dependiente de las exportaciones petroleras, en una economía productiva, capaz de multiplicar la riqueza y diversificar sus fuentes, y sin la sustitución del paternalismo estatal por un moderno sistema de justicia social. Para lograrlo debe partirse de reconocer que la deuda mayor corresponde al Estado y las clases dirigentes y que en cambio esas clases populares, que con tanta reticencia y menosprecio miraba Uslar y con tanto cinismo se las ha tratado de manipular desde el poder, han dado un aporte absolutamente excepcional que, si se les ofrece el marco jurídico y político adecuado, puede multiplicarse exponencialmente en los próximos años.

Notas 1 Citado por Eric Hobsbawm, La era de la revolución, 1789-1848, Crítica, Buenos Aires 1997. 2 Paul Singer, Economía política de la urbanización, Siglo XXI, México 1979.

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Revista CAV No. 57  

Revista oficial del Colegio de Arquitectos de Venezuela, Número 58. El Colegio de Arquitectos de Venezuela y sus filiales en todo el país, t...

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