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54 A finales de los años veinte se registra en Venezuela la aparición

de los primeros núcleos de asentamientos no regulados en las principales ciudades del país, las condiciones que brindaba la capital, Caracas, tales como ofertas de empleo, sede de transacciones comerciales y financieras; más las facilidades asistenciales, educativas, recreacionales, aunado a las desmejoras de las condiciones de vida en el campo, la convirtieron en el principal destino entre todos los centros urbanos. Esta migración de población de manera descontrolada, provocó la construcción acelerada de las edificaciones catalogadas como ranchos, sin ningún tipo de planificación, carentes de planos y mediciones, sin ninguna mano de obra más que la de sus propios habitantes, quienes entre sopas domingueras y una que otra fría, se convirtieron en arquitectos, ingenieros, electricistas y maestros de obras, en respuesta a una necesidad: la de un techo para vivir. Para nadie es un secreto que la Gran Caracas (y también otras ciudades) están llenas de edificaciones improvisadas hechas de bloque, arena y cemento, en el mejor de los casos, visionadas según la necesidad de quien las habita, y que vistas desde afuera, pueden ser el mejor centro de crítica arquitectónica y desmérito por sus características; pero cabría preguntarse ¿qué alternativa ofrecía el Estado para estos ciudadanos de escasos recursos?, ¿Cuántos arquitectos brindaron sus conocimientos por un simple principio de solidaridad más allá del beneficio económico? Para el padre Josse Van Der Rest, sacerdote jesuíta nacido en Bélgica, fundador del Servicio Latinoamericano, Africano y Asiático de vivienda popular, (SELAVIP), ubicado en Chile, “el pro-

blema no es la casa, sino la tierra […] más vale cuatro tablas ahora para un pobre, que una casa sólida en diez años más”. Esta afirmación, es la columna vertebral de todas aquellas personas que habitan en un barrio, no hay tiempo de pensar en el mañana, sino en el ahora.

Techos de cartón vs Amenaza a la vida La construcción de viviendas a través de un aprendizaje empírico y sin mayores investigaciones de condiciones de habitabilidad, ha traído consecuencias irrevocables para un sector de la población que se vio en la obligación de dejar su vivienda por un refugio al no poder afrontar los avatares de la naturaleza. En Venezuela muchos son los testimonios que dejan en evidencia que la improvisación y la necesidad se paga caro, ejemplo de ello, la tragedia de Vargas del 99, la vaguada del 2005, y más recientemente las lluvias de finales del 2010, mostraron una realidad que encrudece, cuando la vivienda pasa a ser de un techo seguro, a una amenaza para la vida. Durante las últimas lluvias del 2010, el Gobierno Nacional realizó un decreto de emergencia, y en el marco de ésta, la Asamblea Nacional, aprobó una Ley Habilitante que le otorga al Presidente de la República, poderes especiales para legislar en esta materia, desprendiéndose así la Ley Especial de Refugios Dignos promulgada el 24 de enero de 2011, cuyo objetivo es: “Regular las acciones […] para la construcción, habilitación, acondicionamiento, organización, atención integral y gestión de los refugios”, concebidos como hogares temporales para personas damnificadas”.

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Revista CAV No. 57  

Revista oficial del Colegio de Arquitectos de Venezuela, Número 58. El Colegio de Arquitectos de Venezuela y sus filiales en todo el país, t...

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