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23 Por: Arq. María Teresa Novoa C. mtnovoa@hotmail.com

WILLIAM NIÑO ARAQUE Me propusieron que escriba la semblanza de nuestro querido amigo William Niño Araque, arquitecto y gremialista, y ello me retrotrae en el tiempo; sí, a los tiempos de su primera juventud de desempeño profesional, y digo primera juventud, porque nos dejó siendo aún un adulto joven. Dejó sus maletas cargadas, como los jóvenes, de nuevos proyectos que acrecentarían su ya reconocido esplendor como crítico de la arquitectura y cronista de Caracas. La encomienda me hace ir en busca de documentos, publicaciones, fotos. Me refresca gratos recuerdos, revive intensas conversaciones, presenta variadas actividades, me muestra polémicas posturas, y contrariedades. El recorrido memorístico, que repasa variados testimonios, se inicia en los años ‘80, allí donde se cimientan las raíces del frondoso árbol. Caigo en cuenta que varias vertientes irán consolidando el curso del río particular que William fue alimentando con la fuente de aguas sobre el saber lo que es y lo que no es arquitectura; para sumergirse en el tema de la ciudad, sus carencias, sus brillos, sus complejidades y futuro. Empeñándose en descifrar lo que era arquitectura William trasmitía una inmensa inquietud, tanto como un enorme disfrute. Un esfuerzo constante irá consolidando su rol de crítico de la arquitectura en Venezuela, ejercitándose en una suerte de batalla de todos los días por estudiar, difundir, compartir, sumar adeptos a lo que sabía tenía valor patrimonial pero era desconocido por las mayorías. Precisamente es a finales de los años ‘70 e inicio de la década de los ‘80, cuando la joven generación de arquitectos de la que

Fotografías: Arq. Tomás Pérez Calderón

Crítico de arquitectura, cronista de Caracas y gremialista de nuevo tipo

hacía parte William, acusaba la carencia de un CAV consolidado. Y, aunque ocurriera la Asociación de Arquitectos en el Instituto de Arquitectura Urbana1, como importante cenáculo de discusión, no se alcanzaba a espantar del todo las nubes negras, la paradoja de un país en pujante actividad de crecimiento urbano pero que desplazaba, desconocía, omitía, relegaba a un segundo plano la labor del arquitecto. Una operante desidia, basada en la desconfianza y el desprestigio, que desde el poder por un lado y la opulencia por el otro, provocó la definitiva escisión entre los mejores arquitectos e intelectuales y las decisiones políticas. Los finales de los ‘70 y los primeros años de la década de los ‘80 fueron paradójicamente años de un -sin precedente- boom de la construcción en Venezuela no debidamente aprovechado, por su descarado énfasis especulativo, a favor de solventar el problema de la vivienda para los más necesitados y consolidar nuestras ciudades. Lamentablemente, la convocatoria del CAV fue reduciéndose a eventuales brindis sociales mermando significativamente la actividad propiamente gremial, y el rol rector del Colegio de Arquitectos sobre el ejercicio profesional en la construcción de nuestras ciudades. Se avistaba además que el CAV, desde sus inicios, adolecía de una frágil constitución legal que lo disminuía en ese su rol rector, aún no resuelta, de manera que, se hizo doblemente ardua y solitaria la gestión de la Junta Directiva de esos años. Ocurrirá en esas circunstancias desdibujadas del gremio un primer acercamiento, el arquitecto Edgard Jaua, presidente del CAV, convoca a algunos jóvenes arquitectos para que apoyaran

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Revista CAV No. 57  

Revista oficial del Colegio de Arquitectos de Venezuela, Número 58. El Colegio de Arquitectos de Venezuela y sus filiales en todo el país, t...

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