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20 Vivienda compleja ¿En Glocalstudio han desarrollado proyectos residenciales? Ese no es nuestro “fuerte”, pero entre 1995 y 1996 desarrollamos un proyecto en Maturín que no se construyó. Las viviendas aquí se entienden como unos objetos que se repiten de forma casi autista, creando una cantidad de áreas que no sirven para absolutamente nada y que no conforman ciudad. ¿En qué consistió ese proyecto? Se proponían edificios de hasta seis pisos que empezaban a definir espacio urbano, galerías, estacionamientos detrás de los edificios, límites claros entre lo público y lo privado, pero no muros ni rejas, sino tiendas debajo del edificio de vivienda. La idea era llevar el modelo de El Silencio y Chacao un paso más allá y entender que la vivienda social se puede convertir en la excusa para crear ciudad. Ese proyecto venía con una infraestructura educativa, religiosa, etcétera, pero inserta en un tejido. Además, aprovechábamos la vegetación, un paisaje fantástico de cujíes, cactus, araguaneyes como una especie de telón de fondo del edificio. Y se trabajaban las pendientes de tal manera que las aguas siempre terminaran en una quebrada, y no en la canalización. ¿Cómo ven ustedes la crisis de vivienda en Venezuela y sus posibles soluciones? El tema de la vivienda es un tema increíblemente complejo porque en ella se concentran todos los demás problemas. Recursos hay. Lo que hace falta es la intención política, el conocimiento y la discusión del tema. Creo que con la vivienda, si se enfoca desde su complejidad y no desde su aislamiento, se puede transformar una ciudad. Hay que empezar a hacerse las preguntas correctas: ¿qué es lo que queremos lograr?, ¿producir alfombras de vivienda va a solucionar nuestros problemas como sociedad o sólo va a solucionar un problema político como estadística? Si yo entiendo que la vivienda es un problema que, a su vez, puede solucionar otros problemas de ciudad, y si eso lo comparto con la sociedad, entonces la acción puede ser transformadora y liberadora. Entonces, ¿qué se debería hacer? Las viviendas deberían ser construidas en terrenos de calidad urbana muy alta e insertos en la sociedad, no para crear suburbios. Si asumimos el tema como la creación de alfombras de “casitas”, se pierde una gran oportunidad de redefinir la ciudad y la forma como convivimos. Hay que regresar a la importancia del espacio urbano. La estrategia de cómo se plantean las viviendas debe ir cambiando. Hay que abandonar muchas de las fórmulas que hay y experimentar con nuevas formas de habitar y de re-

calificar el espacio de la ciudad. Y la vivienda podría ser el motor de eso, porque junto con la vivienda debería venir todo lo demás: cada vez que se construyen 100 viviendas, debe aparecer el comercio que las va a surtir, el trabajo que las va alimentar, la oferta cultural que tendrán. Hacer ciudad es hacer sociedad; van de la mano. ¿Cuál es la situación en el resto de América Latina en comparación con nosotros? En Bogotá, por ejemplo, uno de los grandes retos ha sido el mismo: construir viviendas multifamiliares de calidad que definan espacios urbanos. Las mejores bibliotecas y escuelas en Colombia están en los barrios, y a partir de eso crean el mayor impacto social. La buena arquitectura, pensada y bien hecha, puede recalificar el espacio, darle otra dimensión, y eso es algo que definitivamente no está pasando aquí. No existe; no aparece. No hay oportunidades. ¿No es algo en lo que se piense? Creo que sí se piensa. Hay muchos arquitectos en Venezuela que lo han pensando y tratado de hacer, pero está el desinterés. Algunos ejemplos se han salvado como la Casa Comunal de La Vega o el Gimnasio vertical de Chacao, ambos de Matías Pintó y Mateo Pintó. Pero de resto hay muy poco. Pareciera que los medios no están interesados en proyectar esa imagen. Se esconden las posibilidades. No se llevan a la discusión pública. A su juicio, ¿en medio de la crisis es plausible adoptar soluciones innovadoras? Siempre es posible, pero es un cliché decir que en las crisis aumenta la creatividad. Creo que no es por la crisis que los países de primer mundo producen e innovan. Creo que se tiene que desarrollar una conciencia. En Venezuela hay mucha gente con muchísimo talento en la calle, y quienes no están aquí, están afuera esperando cuándo pueden regresar. ¿Cómo pueden los arquitectos jóvenes dar aportes al país? Lo más importante es que se tomen muy en serio. Los jóvenes tienen que asumir esa fuerza, y la mejor forma de argumentar es haciendo. Estas experiencias de Por el medio de la calle y Ser Urbano son maneras de reinventar la ciudad con pocos medios, pero un impacto altísimo. Eso empieza a crear conciencia de que la ciudad hay que entenderla de otra manera. Hay muchas posibilidades: trabajar con asociaciones, comunidades. Tienen que buscar alternativas de hacer valer su voz y asumir que no es el cliente quien toca tu puerta, sino que tienes que salir a la calle a buscar tu cliente, a buscar tu tema, a buscar tu espacio.

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Revista CAV No. 57  

Revista oficial del Colegio de Arquitectos de Venezuela, Número 58. El Colegio de Arquitectos de Venezuela y sus filiales en todo el país, t...

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