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tiempo ante cualquier cambio repentino en la situación del sector. Entre estos riesgos pueden considerarse una posible profundización de la crisis de la zona euro que afecte la demanda por exportaciones, una mayor apreciación de la tasa de cambio que continúe afectando la competitividad exportadora, y la posibilidad de un Fenómeno del Niño durante el segundo semestre del año, entre otros. Con respecto a la crisis de la zona euro, aunque las proyecciones para las economías desarrolladas son menores a las de 2011, serán las economías emergentes quienes continúen jalonando el crecimiento y la demanda mundial, lideradas por China e India. En lo referente a la tasa de cambio, se espera que la volatilidad continúe, por lo que la intervención del Banco de la República será definitiva para controlar dicho fenómeno. Por último, en materia climática, seguiremos atentos a los reportes del IDEAM para tomar las mejores decisiones al respecto. Como factores que podrían conducir al sector a este escenario optimista, se pueden considerar el excelente comportamiento del crédito agropecuario y la disponibilidad de una variedad de instrumentos de política dispuestos para apoyar a los productores agropecuarios en coyunturas difíciles y para aumentar su competitividad, tales como el programa de coberturas cambiarias, el seguro agropecuario, el programa Desarrollo Rural con Equidad (DRE) para el fomento a la competitividad y el Incentivo a la Capitalización Rural (ICR), entre otros. De la demanda que logren jalonar estos instrumentos, dependerá buena parte del desempeño del sector durante el presente año. Otro elemento que cambia radicalmente el quehacer diario del Ministerio y ha obligado a repensar la política sectorial son los tratados de libre comercio y, particularmente, el tratado con Estados Unidos que entró en vigencia el pasado 15 de mayo. Este acuerdo permitirá a los empresarios del sector la colocación de productos en condiciones de acceso preferencial permanente, de acuerdo con la desgravación arancelaria negociada. Esto consolidará las ventajas competitivas de Colombia frente a otros países que aún no han suscrito tratados de libre comercio con Estados Unidos, incentivando las exportaciones y creando nuevas oportunidades de empleo e ingresos para el país. Con el TLC se establece un marco normativo de largo plazo que consolida de manera permanente las preferencias del ATPDEA. Se espera también que el tratado incentive las oportunidades de inversión extranjera en el sector, aumente los procesos de innovación y transferencia tecnológica y fomente la modernización mediante la adquisición de bienes de capital, maquinaria y equipos importados a menores costos.

Si bien el acuerdo generará una gran variedad de oportunidades de negocio, somos conscientes de que también supone desventajas para algunos sectores sensibles de la economía. En dichos sectores, la negociación contempló amplios períodos de transición para lograr la reconversión productiva en el mediano y largo plazo. En este punto, es fundamental el trabajo conjunto de los gremios, productores y empresarios, quienes deberán asumir también los retos que se derivan de este escenario de libre comercio: reconvertir y modernizar las actividades productivas, incrementar la innovación y el desarrollo tecnológico, generar valor agregado y diferenciación en la producción, mejorar la infraestructura productiva, desarrollar alianzas estratégicas, incrementar la inversión, y hacer un uso eficiente de los recursos públicos para apalancar el mejoramiento competitivo. Entre los productos que se han identificado como sensibles en el marco del TLC con Estados Unidos están arroz, azúcar, leche, maíz, sorgo, soya, algodón, frijol, carne de cerdo y pollo, sectores en los que puede haber afectación si las actividades no se ajustan, modernizan y reconvierten en sus niveles de productividad y competitividad. Para aprovechar las oportunidades que surgirán con la entrada en vigencia del acuerdo, el país debe enfrentar enormes desafíos especialmente en materia de infraestructura de transporte (vías, aeropuertos, puertos), innovación y desarrollo tecnológico, y cualificación del capital humano, entre otros. Por supuesto, se deben mejorar los sistemas de acreditación fitosanitaria, para los productos en los que el país tiene ventajas comparativas, como frutas, verduras y hortalizas. Tanto para los productos sensibles como para los de potencial exportador, el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural ha propuesto la formulación de estrategias tendientes a disminuir costos de producción, mejorar infraestructura productiva, mejorar condiciones tecnológicas, de agregación de valor y de acceso a otros mercados, reglamentación de contingentes de importación, mejorar condiciones de acceso a crédito y asistencia técnica, entre otros. Para lograr estos objetivos, sabemos que es necesario fortalecer presupuestalmente tanto al Ministerio como a sus entidades, puesto que esto permitirá llegar a más productores con mejores instrumentos para el mejoramiento competitivo. Sin duda, el trabajo que está realizando el Ministerio tanto en el frente productivo como en el de desarrollo rural, sumado a los esfuerzos del sector privado, brindarán a los pobladores rurales mejores herramientas para afrontar los diversos retos que supone un entorno cambiante como el actual, y redundarán igualmente en unas mejores condiciones de vida. 9

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