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OPINIÓN

LA JORNADA 2 de enero de 2019

Reformistas, anticapitalistas y socialistas GUILLERMO ALMEYRA /III Y ÚLTIMO

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os grandes movimientos sociales improvisan representantes que desean utilizar para ser reconocidos nacionalmente, pero pagan así su tributo a la alienación, son utilizados por esos representantes y pierden, en parte, su impulso autogestionario. Lo que podría ser un torrente impetuoso corre entonces el riesgo de convertirse en un vasto pantano. Morena no es un partido sino el canal electoral para decenas de millones de personas que no aspiran a entrar por la ventana en la casa capitalista sino a destruirla para construir otra desde los cimientos sin saber muy bien cómo hacerlo. Lo que sí es el núcleo de un “partido” y una verdadera camarilla es la gente reunida por un programa capitalista extractivista. Ese núcleo arrastra a muchos que quieren ahorrarle al país el costo de un enfrentamiento violento entre el Estado represor y sanguinario resultante de nuestro pasado y desean también crear un capitalismo democrático y humano, una nueva Suecia. Esa gente olvida que la pacífica Suecia o Suiza eran naciones exportadoras de feroces mercenarios y que en la Segunda Guerra Mundial hubo en Noruega y Suecia dictaduras que, para defenderse del “tigre” (el peligro obrero y socialista), colaboraron con los nazis. Sólo la lucha de clases impuso en Escandinavia los derechos democráticos. No es posible un cambio pacífico, una “República amorosa” y el perdón a los criminales que fomee la perpetuación de los crímenes. La violencia del sistema (la explotación, el hambre,la miseria, la necesidad de emigrar, la ignorancia, los feminicidios, la prostitución) sólo puede ser eliminada con la imposición violenta de la ley por la mayoría popular que, construyendo una nueva solidaridad, permita a los miserables manejados por los delincuentes de cuello blanco salir de su sumisión, atraso e ignorancia. La gran mayoría de quienes votaron por Morena lo hicieron para castigar al PRI (a Echeverría Álvarez y Salinas de Gortari, al desarrollismo autoritario, centralizado y corporativo con sus charros y al neoliberalismo).No lo hicieron para imponer un nuevo desarrollismo extractivista que, por otra parte, es imposible en la actual fase de dominación caótica del capital financiero internacional ante la amenaza de un colapso ecológico o de una guerra devastadora. AMLO, su entorno de grandes capitalistas y de grandes duques del PRIAN que antes se le oponían ferozmente, como Romo y todos los oportunistas transformistas que hoy acampan en nombre de Morena en las instituciones, quieren imponer políticas económicas cuyo eje es ordeñar la vaca exhausta de Pemex, tal como los huachicoleros. La existencia de relaciones de producción y de condiciones ambientales que permitan la existencia de la civilización depende, por el contrario,de la sustitución de los combustibles fósiles por

energías limpias y de la eliminación de un sistema insostenible que destruye el planeta. Pemex debe ser saneada y salvada YA.Pero para México y para el mundo el desafío REAL es salvar el ambiente y los recursos comunes, cambiar las prácticas agrícolas depredadoras, eliminar el consumismo y los desperdicios que éste entraña mientras, al mismo tiempo, se aumenta el consumo popular de alimentos sanos y se retorna a la fabricación de productos naturales y biodegradables. Hay que rechazar el turismo de masa que produciría el Tren Maya, así como los proyectos de Echeverría, Zedillo, Fox y AMLO para el Istmo de Tehuantepec por su peligrosísimo impacto social y ambiental. Región por región hay que discutir en cambio en todo el país con la población local la reorganización del territorio y de la producción para responder a las necesidades, crear empleos y mercado interno y desarrollar empresas locales que reduzcan los fletes y la contaminación.

El gran desafío: salvar el medio ambiente, eliminar el consumismo y cambiar prácticas agrícolas nocivas La cúpula capitalista extractivista de Morena choca diariamente con los intentos de los reformistas democratizadores y modernizadores, los Romo están en las antípodas de los Taibo II. AMLO también propone reproducir el neoliberalismo distribucionista de los “burgueses progresistas” al estilo de Luiz Inácio Lula da Silva. Sus concesiones democráticas (libertad de presos sociales, acuerdo con la CNTE, nombramientos culturales justos, reducción de altos sueldos) resultan mínimas frente a la inaceptable creación de un cuerpo represivo militarizado para retribuir la aceptación castrense de su candidatura con el agravamiento de la militarización del país. Los anticapitalistas que buscan un futuro sin clases, basado en la autogestión social generalizada y en una Federación de comunas autónomas libres y asociadas luchan hoy con los que buscan, en cambio, el retorno a un pasado indígena irreproducible. No hay razón alguna para no formar un sólo haz con todas las fuerzas anticapitalistas hoy dispersas que permita influir más sobre quienes buscan sólo reformas y golpear juntos, aun permaneciendo separados mientras se aclaran las diferencias. almeyraguillermo@gmail.com

Del cambio político y más allá ROLANDO CORDERA CAMPOS

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o que hoy vivimos y empezamos a experimentar a lo largo de 2018 es un cambio político de grandes proporciones. Inscrito en un contexto económico y social hostil, abrumado por un desempeño productivo y del empleo cercano al estancamiento y cercado por portentosas tendencias a la anomia social, dicha mutación política ha traído consigo aliento en vastas capas de la sociedad e incitado a la empresa a repensar su papel económico y forma de relación política y hasta retórica con el nuevo gobierno. No sé si a esto puede llamársele un cambio hegemónico y desde aquí calificar a la coalición ganadora de las elecciones del primero de julio como una formación hegemónica. Porque para serlo, tendría que demostrarse dispuesta a mandar y a trazar un nuevo rumbo para la evolución no sólo política sino socioeconómica del pueblo mexicano, como habría dicho don Justo Sierra. Y tal talante, mandar de otra manera y hacerlo para realizar cambios estructurales de signo distinto a los realizados a finales del siglo pasado, no se ha mostrado con claridad. Esta opacidad, por lo demás, debe atribuirse a la viscosidad de una coyuntura signada por el vaciamiento del sistema político y la irrupción abierta de la violencia criminal organizada, protagonizada y no por enormes contingentes populares, como ha ocurrido en Hidalgo, pero no sólo ahí. Estamos en medio de una circunstancia volátil en exceso que recoge la inestabilidad y movilidad de las bases sociales, pero también las enormes dificultades que tienen las formaciones, Morena incluida, para poder encauzar formas de representación que refuercen el pluralismo alcanzado; además de ser capaces de otorgar flexibilidad y firmeza a las nuevas formas del intercambio político y el ejercicio del mando. La vocería unipersonal, elegida por el presidente López Obrador, ha sido eficaz, pero no existe garantía alguna de que pueda ser un mecanismo duradero de comunicación del poder con la sociedad; tampoco una forma consistente de gobernar y gestar un orden democrático y abierto al reclamo social. Por ello es que Morena tiene que volverse pronto un partido político formal, y el gobierno debe caminar hacia formas efectivas y creíbles de gobernanza, sostenidas por gabinetes robustos y con discursos que vayan más allá de la confrontación con el pasado y lo pasado. Una condición ineludible para darle sentido de Estado a la reiterada proclama de que hemos entrado a un régimen renovado y cualitativamente diferente, implica otra forma de hacer y pensar la política; el ejercicio del poder por parte del Ejecutivo nos dice que en la Presidencia se quieren hacer las cosas del poder de otras maneras, pero no es suficiente. La reconstrucción de la “estatalidad” mexicana es obligada y pasa por restañar el presidencialismo, pero sobre todo implica restablecer la presencia del Estado en el territorio y en el conjunto de las relaciones sociales. Los brazos del Estado tienen que ser conductos de información y reflexión del centro a la periferia y de ésta hacia las cumbres, aunque nada de eso se va a conseguir a costa del desgaste progresivo, pero inclemente de la figura y salud presidenciales. Por mal que les pese, los hombres del poder y en el poder tienen que asumirse como eso y dejar las nostalgias movimientistas para los fines de semana. El cambio político que hemos celebrado tiene que traducirse en reales y concretas mudanzas institucionales para encaminarnos sin prisa, pero sin pausa a la gran reforma económica y financiera del Estado que tendrá que arrancar de una convocatoria plural a discutir y llevar a cabo la reforma hacendaria de México. Sin recursos y capacidad de gasto, no hay persuasión que dure. Mucho menos paciencia que aguante.

Morena tiene que volverse pronto un partido formal y el gobierno debe caminar hacia formas creíbles de gobernanza

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La Jornada Maya · lunes 28 de enero de 2019  

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