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Sus fuerzas estaban formadas por elementos tan diversos como lo eran sus orígenes. Por un lado contaba, además de los integrantes de la Marina Española, con marineros mercantes recién desembarcados, que ya antes de su salida de Montevideo se destacaban por su embriaguez e indisciplina: “… a una hora de mi salida ya noté los excesos de una gente que acavaba de desembarcarse, sin disciplina ni instrucción militar, pues todo el esfuerzo de los oficiales y el mío no fue suficiente á contenerlos de separarse del orden en que los hice salir, pues aunque anticipadamente mandaba cerrar las tabernas del tránsito, se internaban en ellas y se hizo general la embriaguez la que había tenido ya principio en este Pueblo, por lo que determiné hacer alto en el Miguelete de donde avisé de estas ocurrencias al Señor Virrey …”. A pesar de las protestas constantes de Posada a Elío, este hizo caso omiso de ellas instándolo a proseguir su marcha. Resulta interesante la referencia a las pulperías, puesto que de alguna manera jugaron su papel, ya que al expender bebidas alimentaron el alcoholismo de las tropas. No sería de extrañar que, siendo muchas de ellas centros de difusión del movimiento revolucionario, usaran ese elemento como medio para debilitar la tropa enemiga. A su vez la marinería, totalmente desconocedora del uso de muchos elementos de guerra en tierra, impidió a Posada contar con un buen regimiento de caballería, arma en la que los criollos se destacaban por el dominio de la caballada. En ese sentido afirma en su parte de la batalla: “… la (caballería) de Mota (que) se componía de veinte hombres aumentó hasta cuarenta de Marineros que apenas sabían montar a caballo, por lo que desistí el seguir aumentando el número de ésta hasta ochenta ó ciento que era lo que se me havía ordenado …”. El clima, por otro lado, jugó un papel adverso minando la salud de los soldados. Muchos de ellos eran pequeños comerciantes de Montevideo que, aunque reclutados, increíblemente seguían atendiendo sus intereses económicos por lo que debían dejar las filas para realizar diligencias en la ciudad: “… Con una fatiga tan sin interrupción en medio de los temporales, principió la tropa a enfermarse, y era forzoso remitir diariamente a este Hospital muchos Individuos cuyo reemplazo no regresaba, y de esta suerte se fue en pocos días desmembrando la fuerza, a lo qual también contribuyó la calidad de la Tropa, que componiéndose de vecinos la de Milicias con comercios y otras atenciones, quebrantaban, en el momento que les era posible, la estrechísima orden que yo havía dado para que solo diariamente se permitiese un hombre por Compañía para practicar sus diligencias y las de sus compañeros……………………………hubo días de faltar hasta cien hombres, y todos los cargos que hacía me resultaban infructuosos …”. A estos se agregaba una partida de 130 presidiarios, al mando de uno de ellos de apellidado Mena, quienes habían sido liberados por el Virrey con la promesa de premios. Por

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El Despertar de la Banda Oriental  

Seminario del año 2011

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