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Otros elementos eran los citados Venancio Benavides y Pedro Viera. Bauzá los describe magistralmente en su Historia de la Dominación Española en el Uruguay: “… Entre los elementos reclutados por los conspiradores, se contaban Venancio Benavides, cabo de las milicias de Soriano e hijo de un vecino pobre del distrito, y Pedro José Viera, brasileño, avecindado en el Uruguay desde largo tiempo, y a la fecha capataz de estancia. Benavides no tenía hasta entones otra base de prestigio en el reducido teatro de sus relaciones, que el crédito adquirido por sus modales abiertos y la suposición de valor y fuerza que dejaban entender su robusta constitución y casi gigantesca estatura. Viera, más conocido y mayor que él, había recorrido anteriormente el país en busca de trabajo, popularizándose por su destreza en bailar sobre zancos, lo que le atrajo el mote de Perico el bailarín. Trasmitida la consigna de la acción, Benavides y Viera conceptuaron llegado su momento. Disponían de un centenar de hombres entre milicianos y vecinos, cuya fidelidad a la causa era inconmovible, y en esa certidumbre, les pasaron la palabra para que el día 28 de febrero, al amanecer, se encontrasen reunidos en las márgenes del arroyo de Asencio, procurando concurrir cada uno con las armas y aprestos que pudiera. Todo salió como se había previsto. Apenas rompía el sol, empezaron a aparecer a caballo y en grupos los conjurados, ostentando sus armas, en la disposición de hombres resueltos a emplearlas. La tradición asegura que cuando se completó el número de ochenta, según algunos, de ciento, según otros, Viera y Benavides, dirigiéndose respectivamente a los suyos, empezaron a arengarles con palabras entusiastas, proclamando la caída del gobierno español, y señalándoles Mercedes como punto objetivo de un ataque inmediato.28

B) Batalla de las Piedras Uno de los episodios que más testimonios ha brindado a la posteridad para el estudio del año 1811 es el primer gran éxito militar de la revolución oriental: la Batalla de las Piedras. Si los detalles estrictamente estratégicos más o menos coinciden en las varias fuentes que han llegado a nuestro tiempo, resulta interesante analizar las diferentes situaciones vividas en cada uno de los bandos intervinientes. La vida en el campamento artiguista era muy distinta que en el español. En el campo español El oficial al mando, capitán José Posada, debía atender simultáneamente varios cometidos. Por un lado el estrictamente militar: planificar la cercana batalla, situando las piezas de artillería en lugar conveniente, entrenar a los nuevos miembros de su ejército, mantener la disciplina y, al mismo tiempo, conseguir abastecimiento para Montevideo. En este sentido podríamos decir que su carga era, anímica y físicamente, mucho más pesada que la de sus opositores. 28

Bauzá, Francisco: Historia de la Dominación Española en el Uruguay, Tomo V. Montevideo, 1945.

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El Despertar de la Banda Oriental  

Seminario del año 2011

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