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El propio Artigas define la acción de las fuerzas revolucionarias: “… El desorden de estos pueblos ha sido general y esto se aumentó en la acción de Soriano en cuyo Pueblo ha sido tan desmedido el saqueo por nuestras tropas que varias familias han quedado enteramente desnudas …”.22 Tal era la acción de las fuerzas orientales que la Estancia de la Virgen de Nuestra Señora del Rosario, que contaba al inicio de la ocupación de las tropas al mando de Pedro Viera con dieciocho mil cabezas de ganado, terminó con sólo mil doscientas cuatro. Los portugueses tomaron el mismo curso de acción, al punto que el presbítero Oubiña, a cargo de la parroquia del Pintado, afirmaba: “… Cercado de portugueses, enemigos Españoles, que me han hecho cuantas vejaciones han podido, y Paysandú abandonado a su capricho y pasiones, que por repetidas veces han atropellado al pueblo, lo han saqueado, me han dejado sin camisa y han atentado contra mi vida …”.23 Los españoles tampoco se quedaron atrás. Existen testimonios de los desmanes causados en los desembarcos de las fuerzas al mando del Capitán de Navío Juan Angel Michelena en las costas del río Uruguay: “… En la Calera de Narvona en número de 135 soldados, con un cañón volante se dirigieron a dicha calera en donde entraron robando y destrozando cuanto había pues tuvieron la vilanted de robar hasta la corona de la Virgen, y otros ornamentos de decir Misa, y le rompieron un brazo al Niño Jesús ...”24 Por otro lado las bandas de bandoleros, al margen de toda ley, merodeaban las poblaciones aprovechando el caos existente. En Montevideo el daño también fue considerable. Rafael Zufriategui decía: “… q.e cerradas sus relaciones civiles, y mercantiles con el continente, decae senciblem.te su industria; desmaya su comercio, se estancan sus frutos, el ingreso del R.l Erario desparece, sus cortos recursos se apuran, y caminando de este modo, ya se deja ver, q.e semejante situación no puede ser compatible con una existencia duradera…”.25 El Éxodo del Pueblo Oriental agravó aun más la situación, ya que al abandono de los medios de producción se agregó la destrucción de todo aquello que no se podía trasladar en el trayecto. A este daño económico, documentos de época refieren simultáneamente un grave daño social, en donde se había desdibujado la línea que separaba las mínimas normas morales, llevando a la agresión indiscriminada, solo guiada por la ambición personal y el vandalismo. En Montevideo, la situación de desabastecimiento y desazón era generalizada. Una carta escrita por un vecino de dicha ciudad, el 30 de mayo de 1811, refleja la sensación anímica que se vivía en la época: 22

Archivo General de la Nación, Montevideo. Fondo Ex – Archivo General Administrativo. Caja Nº 530. Nº 7. 23 Boletín de la Junta de Historia y Numismática Americana, Buenos Aires, 1929. Volumen VI, p. 161. 24 Archivo General de la Nación Argentina, Buenos Aires. Gobierno Nacional de Guerra. 25 Zufriategui, Rafael: op.cit., pp 360 – 369.

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El Despertar de la Banda Oriental  

Seminario del año 2011

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