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La Iglesia era una corporación cuya misión religiosa estaba sostenida por sus fueros y su riqueza. Los primeros le otorgaban inmunidad clerical y la excluían de la jurisdicción civil, mientras que la segunda (integrada por el diezmo, las propiedades y un enorme capital derivado de donaciones) le permitía ejercer funciones de banco, agente inmobiliario y acreedor hipotecario. Las reformas de la Ilustración intentaron aplicarle la tributación secular y reducirle las inmunidades clericales, pero la Iglesia reaccionó con rapidez, y en América resistió los cambios apoyada con fuerza por la aristocracia criolla. El fuero era el único bien material del clero local, y a su enajenación muchos clérigos quedaron en la pobreza y se volcaron hacia la insurgencia apoyando las protestas indígenas. La avidez recaudadora encontró un blanco propicio en la Compañía de Jesús. Los jesuitas habían convertido una gran masa indígena a la fe y al asentamiento pacífico y productivo, llegando a ser los principales productores agropecuarios y textiles de Hispanoamérica. La producción de las misiones era bien recibida en los virreinatos y en los mercados europeos, pero este éxito les generó muchos enemigos, ya que sus cadenas de comercialización se mantenían por fuera de los monopolios de los funcionarios peninsulares y sus acólitos criollos. Pese a que la principal amenaza de la misiones provenía del Portugal brasileño, y que en ese sentido siempre fueron un muro de contención ante la presión de penetración lusitana, las exhaustas arcas de la corona, en su voraz avidez recaudadora, fueron su enemigo. A mediados del Siglo XVII se autorizó a los misioneros a defenderse de la agresión de los Bandeirantes, y en poco tiempo los jesuitas formaron ejércitos indígenas disciplinados y eficientes, que alejaron la amenaza, pero en su éxito los misioneros encontrarían su derrota, pues habían herido el orgullo de la corona portuguesa, que un siglo después, diplomacia e intrigas mediante, obtendría la expulsión de la Compañía de Jesús de tierras americanas. Por otra parte, desde México a Buenos Aires, además de evangelizar, los jesuitas habían fundado colegios y universidades, para la enseñanza media y superior de criollos e indígenas, lo que también ayudó a ganar el encono de quienes pensaban en los territorios americanos como colonias de explotación y no de asentamiento. En 1767 dos mil setecientos diecisiete sacerdotes jesuitas fueron expulsados de América, dejando sus centros de estudios y sus misiones en manos de un Estado mayormente ausente, perdiéndose gran parte del aparato productivo generador de importantes riquezas.

Pero más importante, a través de la

evangelización los jesuitas habían logrado una cierta cohesión social y sentido de pertenencia a la corona entre los grupos indígenas, que también se perdió y no pudo ser recuperada por otras comunidades religiosas. El otro grupo de poder y privilegio fue el Ejército. Como España necesitaba de sus tropas en Europa, alentó la formación de milicias coloniales, subordinadas a Oficiales peninsulares, aunque avanzado el Siglo XVII se permitió la formación de mandos superiores de origen criollo y en algunos casos mestizo. Para fomentar el ingreso a filas, se extendió el fuero militar y las inmunidades de los militares españoles a los integrantes de las milicias coloniales, excluyéndolos de la jurisdicción civil y creando así un estamento social con características y

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El Despertar de la Banda Oriental  

Seminario del año 2011

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