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Felipe V

Fernando VI

A partir de 1765 la resistencia a la tributación fue constante, y en algunos casos con manifestaciones de violencia, en particular cuando en 1779 la presión impositiva subió al 8% y al 10% para atender una nueva guerra con Inglaterra. Los motines menores fueron opacados en Perú por la rebelión indígena de Tupac Amaru, y en Nueva Granada por los Comuneros de 1781, ambos movimientos reprimidos con gran crueldad y saña por las autoridades españolas. También los Cabildos, única institución donde peninsulares y criollos estaban en plano de igualdad, se opusieron a lo salvaje de una tributación que volcaba los beneficios a un solo lado, pero una reforma los sometió a la autoridad real, despojándolos de poder e influencia. La Ordenanza de Intendentes de 1786 estableció nuevas formas de relacionamiento entre los indígenas y los terratenientes, garantizando a los primeros el derecho a producir y comerciar libremente, pero los segundos vieron restringidas sus utilidades sobre una mano de obra casi esclava, y en connivencia con las autoridades españolas locales ignoraron su cumplimiento. El libre comercio fue otra de las falacias de los Borbones, porque para América no fue ni comercio ni libre, ya que desde 1765 quedaron atados a un monopolio más eficiente que garantizaba los intercambios transatlánticos para España mientras que los americanos quedaban limitados al comercio interno. La modificación de este sistema perverso llegó recién en 1796, pero para esa fecha ya era tarde, porque el caldero estaba próximo a la ebullición. Simultáneamente, la libertad del comercio significó la ruina de las actividades industriales incipientes, las que no podían competir en calidad ni precio con las importaciones, lo que llevó a la ruina a muchos mercaderes locales. Los Borbones también pusieron su mira en dos corporaciones que gozaban de posición social y privilegios especiales: la Iglesia y el Ejército.

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El Despertar de la Banda Oriental  
El Despertar de la Banda Oriental  

Seminario del año 2011

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