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ratificado por las autoridades de ambos contratantes. Los orientales mantuvieron la posición anterior, de que se retirase el ejército auxiliador si era necesario, pidiéndole que le dejara armamento pesado para sostener el sitio de Montevideo, pero ante la firme decisión de las autoridades bonaerenses que había resuelto por sí, sin tener en cuenta la voluntad y trabajos que habían padecido los orientales, resolvieron acatar la decisión, pero expresando su discrepancia y disconformidad. Finalmente, adoptaron la resolución más importante de elegir a Artigas como “Jefe de los Orientales” y simultáneamente poner en conocimiento de Buenos Aires a través del Dr. Pérez presente en la Asamblea. Con ello le otorgaban a Artigas un mandato diferente del que tenía en nombre de la Junta de Mayo, ya que esa nominación suponía el reconocimiento de su carácter de conductor del pueblo oriental en las instancias que se avecinaban. Por ello, pudo acumular dos mandatos: uno militar, otorgado por Buenos Aires, y uno civil y popular, emanado de los orientales que será el más importante porque le asegurará una fuente legítima de ejercicio del poder sin depender de la capital del extinguido virreinato. El Armisticio del 7 de octubre ratificado el 20 del mismo mes, algunos autores dicen que “no se suscribió contra los orientales sino a pesar de los orientales” 2. Fue acordado como una concesión recíproca ante la imposibilidad de vencerse mutuamente, y debido al riesgo que suponía para ambos, la presencia de un fuerte ejército portugués en territorio oriental. Sin embargo, el Armisticio significó un triunfo de la posición del Virrey Elío, pactado sin el conocimiento de los portugueses y aún contra la opinión del Ministro Español en Río de Janeiro, sobre las autoridades del Triunvirato de Buenos Aires.

Y una derrota para los

orientales que se habían alzado contra su gobierno y tras vencer las fuerzas en Las Piedras lo habían sitiado tras las murallas de Montevideo. Por el artículo 6ª el Virrey Elío lograba recuperar el control y dominio de toda la Banda Oriental, y por el 7ª extendía la dominación a los pueblos de Arroyo de la China, Gualeguay y Gualeguaychú, en el actual Entre Ríos. En tanto que las únicas obligaciones que contraía era hacer gestiones para detener la ofensiva española en el Alto Perú y hacer otro tanto para concretar el retiro de las fuerzas portuguesas desplegadas en la Banda oriental del Uruguay. Para Buenos Aires significaba una tregua en la lucha contra la amenaza mayor que provenía del frente del Alto Perú, contra las fuerzas regentistas armadas y equipadas desde Lima, principales centro españolista de la región. Pactaba la entrega de la Banda Oriental y algunos pueblos de Entre Ríos a la dominación española, para salvaguardar sus intereses políticos y económicos, comprometidos por la guerra contra Montevideo. Asomaba ya una concepción patrimonialista de la revolución que resolvía por sí y para sí, los destinos de las revoluciones en el Río de la Plata. Porque es evidente que el movimiento de Mayo fue una manifestación de la revolución continental y regional, pero otra fue la de Asunción del Paraguay, en tanto que una distinta fue la protagonizada por los orientales y también ocurrió otro tanto en las provincias del Interior. 2

. Paris, Blanca y Cabrera Piñón, Querandí: “Artigas y el Primer Sitio de Montevideo”. Publicado en “Artigas”. Estudios publicados en “El País” como homenaje al Jefe de los Orientales en el Centenario de su muerte. Impresora Colombino, Montevideo, 1951., pág. 59.

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El Despertar de la Banda Oriental  
El Despertar de la Banda Oriental  

Seminario del año 2011

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