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El proceso revolucionario fue intenso, tras el Grito de Asencio, en la noche del 27 de febrero y al amanecer del 28 tomaron Mercedes, luego sucedieron los combates de Paso del Rey, San José, y Las Piedras. Pero antes había tenido lugar la “Proclama de Mercedes” del 11 de abril por la cual Artigas convocaba a los orientales a la lucha bajo la protección de la Junta de Buenos Aires. La noticia se esparció prestamente en los distintos pagos orientales que provocaron un estado de júbilo y surgieron líderes o caudillos locales que reunían hombres para incorporarse a lo que el propio Artigas denominaría “Admirable Alarma”, concitando un gran apoyo popular de la población rural, constituyéndose en un movimiento singular en toda la revolución hispanoamericana, junto con la mexicana. Los éxitos alcanzados por los orientales, por ese conjunto de hombres y mujeres de diferentes procedencias, pero que por vez primera en la historia se unían en pos de una causa, les permitieron controlar gran parte de la Banda Oriental. Tras la batalla de Las Piedras, que ya ha sido analizada por el distinguido colega, entre otras consecuencias abrió el camino para poner sitio a la orgullosa ciudad de Montevideo. En su auxilio y apoyo llegaron fuerzas militares de Buenos Aires que retornaban derrotadas desde la expedición al Paraguay. Apenas ingresaron al territorio oriental, saquearon a Santo Domingo de Soriano durante dos días y posteriormente, hicieron lo propio en la zona de su acantonamiento en los extramuros de Montevideo, en las Tres Cruces, Miguelete y el Cordón, lo que dio lugar a quejas y reclamaciones por los vecinos y por el propio Artigas. Las autoridades españolistas de Montevideo, ante la peligrosa situación en que se encontraban sumada a la información de que no podrían obtener ayuda militar desde la metrópoli en plena guerra contra las fuerzas francesas que aún ocupaban gran parte de la Península Ibérica, decidieron gestionar la intervención portuguesa, dado que la hermana de Fernando VII era la esposa del Regente y futuro Rey de Portugal, a la sazón establecidos en Río de Janeiro. La expedición militar portuguesa supuso una amenaza adicional a los bandos en lucha. En efecto, para las autoridades de la Junta de Mayo convertida en Junta Grande, por el procedimiento de incorporación de algunos representantes de las Provincias del Interior, suponía la apertura de un nuevo frente de lucha, que lo complicaba aún más propia existencia. En efecto, el escenario de la lucha en el Alto Perú, el temor siempre presente de una intervención de los paraguayos en contra de la Junta, sumada al bloqueo de la flotilla española con base en Montevideo, con las dificultades financieras debido a la reducción del comercio con Europa y el bombardeo de la propia ciudad por las fuerzas navales de Michelena, se venía a sumar la presencia ominosa de un fuerte ejército por el oriente, que podría amenazar directamente a Buenos Aires. A los orientales, por su parte, la presencia de un viejo e histórico enemigo que siempre había ambicionado estas tierras y que se había apoderado hacía apenas diez años de los Siete Pueblos de las Misiones Orientales y de otras regiones del actual Río Grande del Sur y que

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El Despertar de la Banda Oriental  

Seminario del año 2011

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