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lugar en las elevadas atenciones de la Excelentísima Junta de Buenos Aires, que tan diligentemente nos regentea …”. En la Calera de las Huérfanas, el 9 de abril de 1811, José Artigas fue proclamado Primer Jefe de los Orientales. Él consideraba al 28 de febrero como un día memorable que había señalado la Providencia para sellar los primeros pasos de la libertad de este territorio y días que no podrán recordarse sin emoción cualquiera sea nuestra suerte. El Virrey Francisco Xavier de Elío, que dominaba Montevideo protegido por sus murallas y por el ejército español, tomó conocimiento de la proclamación de Artigas como Jefe de la Revolución y que se encaminaba en dirección al recinto capitalino, determinó que saliese a la campaña el Teniente Coronel Joaquín Gayón y Bustamante, que había integrado el cuerpo de Murguiondo, para que con una división a su mando marchara sobre la villa de San José con el objetivo de hostilizarlo e impedir su reunión con otros elementos patriotas alzados en armas. Joaquín Gayón y Bustamante, junto con los de su clase Gaspar Sampiere y Diego Herrera, llevando 160 infantes del Regimiento Voluntarios de Madrid y dos piezas de artillería, portaba instrucciones para pasar por las armas a los que tomase prisioneros, sin forma de proceso alguno. Emprendió viaje el 19 de abril con rumbo a San José, donde se encontraba de guarnición una partida realista al mando del Ayudante Isidro Quesada, quien simpatizaba con la causa de la emancipación. Cuando el jefe español avanzó sobre Paso del Rey del Río San José, distante una legua y media de la villa, sin encontrar ninguna partida revolucionaria que lo molestara, acampó tendido en batalla con sus cañones emplazados al centro. Siendo las nueve de la mañana del 23 de abril fue atacado por las fuerzas criollas, en una demostración del poderío moral de las huestes patriotas que mandaban los Capitanes Manuel Antonio Artigas, Baltazar Vargas y Bartolomé Quinteros, con su división formada en los pagos de Arroyo Grande a órdenes del primero. El ronco estampido del cañón dio la señal y el estallido de la fusilería llevó los ecos de la lucha hasta las cuchillas vecinas. La artillería que había dado la señal produjo las primeras bajas en filas patriotas.

Las lanzas agitadas en los brazos de los centauros criollos les

arrebatan la caballada a los españoles, y éstos, sosteniendo el combate, emprendieron la retirada. La retaguardia, al mando de Diego Herrera, en perfecto orden y siempre de cara al enemigo entró en la villa de San José, dejando solo tres muertos en el camino. La noche interrumpió el combate de Paso del Rey del Río San José. Los realistas se prepararon sin pérdida de tiempo para le defensa de la plaza ocupando las azoteas. En su armamento contaban con dos piezas de artillería, una de 4 en su cureña y otra de 24 desmontada, que colocaron en una zorra de cuatro ruedas.

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El Despertar de la Banda Oriental  

Seminario del año 2011

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