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un monumento conmemorativo que simbolizara

y perpetuara

para la reverencia de las

generaciones sucesivas. Su trascendencia excede los límites de nuestra historia nacional, puesto que contribuye en momentos críticos a confirmar y entonar la iniciativa revolucionaria de 1810. La invasión de España por las fuerzas de Napoleón Bonaparte quebró el dominio de la Junta de Sevilla que estaba gobernando la península y sus colonias en nombre del Rey Fernando VII y que ella pretendía mantener el control y el régimen imperante hasta entonces, sin conceder ningún fuero autonómico a estas sociedades americanas, desconociendo la legitimidad de cualquier acto de gobierno propio. Una vez disuelta la Junta de Sevilla, cesante la autoridad del Virrey Cisneros, el pueblo de Buenos Aires celebró en 1810 un Cabildo Abierto y constituyó una Junta patricia porteña para sustituirlo, quien asumió de inmediato el mando absoluto sobre todos los territorios que conformaban el Virreinato del Río de la Plata. Bajo su mandato, Buenos Aires se erigió en capital del mismo, y de inmediato se creyó heredera y sustituta de la autoridad virreinal, pretendiendo considerar a la Banda Oriental, como al resto de las provincias, bajo su mando, nombrando autoridades civiles y militares y celebrando capitulaciones, sin intervención

y

conocimiento de los ciudadanos nativos de cuya suerte el Directorio Porteño pretendió disponer según su propio criterio y planes. Así se dio cuando se dispuso la intervención militar en Alto Perú, con el envío de un Ejército Expedicionario al mando del General Balcarce, el cual resultó derrotado y dispersado en Desaguadero por las fuerzas españolas al mando de Goyeneche, quien a su vez amenazó con invadir las provincias del norte. Posteriormente, ante las decisiones adoptadas por el pueblo paraguayo de independizarse de la dominación española y de las Provincias del Plata, se envió un Ejército al mando del General Manuel Belgrano, en un intento de lograr la adhesión de esa tierra al poder de Buenos Aires. A el se integra, con el grado de Capitán, Manuel Antonio Artigas, siendo designado ayudante de órdenes del jefe expedicionario. Este Ejército fue batido y destrozado en las batallas de Campichuelo y Tacuarí, y su comandante, para evitar una masacre, concretó una retirada honrosa. Ante el mal giro que tomó la situación militar por sus equivocadas decisiones, Buenos Aires pactó con el Virrey Elío la entrega de la Banda Oriental a la corona española, ordenando la evacuación de las tropas.

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El Despertar de la Banda Oriental  

Seminario del año 2011

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