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convencionalismo provisional del historiador -una herramienta más del análisis- estará en condiciones de desentrañarla. El pueblo, al fin del Éxodo, en gran mayoría está en la emigración, la campaña sin gobierno, a buena merced de tropas o tropeles portugueses, y de partidas sueltas poco afines al trabajo regular, y en medio de todo ello, los bicheadores de Artigas. Montevideo, penando en mayoría por su aislamiento terrestre, que se agravará luego del primer semestre 1812, por un armisticio ajeno a su interés mercantil. Este período es atípico en la historia de nuestra Banda Oriental. La capital es el campamento de Artigas; la ciudadela amurallada montevideana en su papel primero de plaza fuerte, y un mundo ajeno, casi páramo, entre ambos mundos citados: el que nace, y el que muere o cesa. Ambas tendencias se ven nítidas en la documentación que nos ha quedado; sus representantes ejemplares son Artigas y su círculo, y Vigodet y los cabildantes montevideanos, tan monopolistas como cerriles. De esa realidad histórica que es rastro la documentación, y que, como todas es infinita, heterogénea, nos interesa el proceso, no tanto el ser. Y en ese semestre del año XII, tampoco hay fijismo, estática.

Como pocos momentos, el artiguismo es la patria oriental. No hay

instituciones, no hay administración, no hay un esquema organizativo de sociedad definida. Él es el protagonista, en este enfoque de la cuenca del Plata, en su sector de la Banda Oriental. Los accesorios son los polos ajenos, en mayoría hostiles: Montevideo, los intrusos portugueses, Buenos

Aires, el Paraguay, el Litoral.

Sobrecogen simultáneamente, el

estoicismo de los vecindarios orientales (los Pueblos, como solía decir Él), el equilibrio de la cúpula patria en medio de la magna tragedia que supuso la emigración, la coherencia del núcleo terciario porteño en la desprejuiciada defensa de su estilo de vida. Llevado por la Redota, el artiguismo vive, crece, a la intemperie de ambas orillas del Salto Chico. Enfrentado al europeo, ibérico, más la City del Támesis, planeando sobre sus testas coronadas. Cuando el proceso irreversible de la segregación continental determine en marzo 1812 la crisis del comercio ultramarino en el estuario del Plata, no tienen más remedio los ajenos al artiguismo y sus aliados, que armar un armisticio con todos los beneficios sociales que suponen esas contradicciones. De esta coyuntura irrumpen ese criterio y ese pueblo, que estaban en el Salto Chico, acaudillados ambos por José Artigas.

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El Despertar de la Banda Oriental  
El Despertar de la Banda Oriental  

Seminario del año 2011

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