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Jesualdo Sosa tuvo conciencia en su última edición del Artigas (1961), de la importancia del tema, y así titula el capítulo 14 de su obra: El campamento del Salto Chico. Sus fuentes en ese inicio de la década del 60 -medio siglo atrás- eran la correspondencia de época custodiada en el Archº Gral. de la Nación montevideano, y en Bs. Aires, y la exposición de Carlos de Alvear en Rio de Janeiro, 1815, al jerarca español Andrés Villalba, en forma preponderante; luego, los conocidos repertorios Fregeiro, Hernán Félix Gómez, y Gregorio L. Rodríguez (Historia de Alvear), conforman su aporte documental preponderante. No es pues este medio siglo último un lapso de mucha nueva documentación en el tema puntual : sólo de comodidad para el investigador. En El ciclo artiguista, de Reyes, Bruschera, y Melogno (1968, y sus reimpresiones), presumible asignación de espacio, hace que los meses del Salto Chico no resalten lo que otros períodos o facetas de equivalente importancia. Hay en la advertencia del citado tomo VII del Archivo Artigas, conceptos generales tan maduros como fundamentales, que, aun cuando la ocasión no era para un desarrollo, integra ella una valoración indisputable. El primer semestre de 1812 tiene una historiografía parva: véase que el Archivo Artigas, en cuanto a mera continuidad, abarca páginas de tres tomos. Ellas son en el tomo VI, serie XVIII, del documento 111 al final; en la serie siguiente, del documento 30 al final, y los dos tomos siguientes. Mucha más escueta es la compilación para el Exodo, y si bien el monto de carillas no es índice confiable, ni menos aceptable de relevancia en un tema, la diferencia es demasiado notoria. EL PERÍODO: SU RELEVANCIA Este semestre inicial de 1812 es una muestra de esa “tierra purpúrea” que pocos años vivió en paz, desde que ha sido una lucha incesante en el siglo XIX. Históricamente es el momento en que en la Historia nacional surge el tema de los Derechos Humanos. Sus fundamentos orientales son el carácter global de una cultura que marca neta su validez posible. Pero no es ahora en la Emigración, traducción jurídica alguna; el carácter es totalizante, de la cultura de unos muy pocos, individualidades como Manuel Vicente Pagola, Miguel Barreiro Bermúdez, Eusebio Valdenegro y Leal, Bartolomé Hidalgo, y por supuesto, Artigas. Ya lo veremos. Es una coyuntura clara. Admitimos, para decirlo con palabras del coloso P. Chaunu, que ella sea “… el corte real de tiempo que el estudio dinámico de la realidad impone …”.

Y que implique “… poner en paralelo en el seno del cuadro cronológico, las

diferentes series de fenómenos que la realidad no separa …”. Ese método, nos podrá revelar correlaciones posibles donde un sentido y un relieve, a lo que arriesgaba no ser más que accidental. Alejando el predominio de esto, se introducirán lazos lógicos. Lógica y sentido: dos productos propios de la ciencia histórica; para que no aparezca sin vínculos con una época, la conducta de Artigas y su círculo, ni la de sus antagonistas vinculados al reino de España.

También es nítida acá la totalidad de la historia, una e indivisible; sólo el

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El Despertar de la Banda Oriental  
El Despertar de la Banda Oriental  

Seminario del año 2011

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