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privilegios propios. Este nuevo grupo cobró renovada fuerza después del intento de Inglaterra contra La Habana (1762), y los planes de defensa de los Borbones impulsaron el establecimiento de puntos fuertes en el Atlántico (Veracruz, La Habana, La Guaira, Puerto Cabello, Montevideo) y en el Pacífico (Valparaíso, Callao, Guayaquil, Acapulco), que se desarrollaron con plena subordinación a la corona, aunque distanciándose con el tiempo del resto de las tropas coloniales de otras regiones del Nuevo Mundo. Si bien las milicias americanas no fueron una preocupación de la corona ni de sus organismos de recaudación, con el tiempo tuvieron un efecto ultra intencional contra los Borbones, ya que la estructura militar creada por España sería utilizada en su contra a partir de 1810.

Y para el futuro, los ejércitos de las nuevas repúblicas conservarían por muchas

décadas el poder y la influencia derivada de los fueros y las inmunidades heredadas del pasado español.

LA AMERICA DEL SIGLO XVIII A comienzos del Siglo XVIII, sin que nadie lo percibiera cabalmente, Hispanoamérica estaba prácticamente emancipada de España. Se trataba de una independencia informal, ya que desde Madrid se mantenía el control político, el burocrático, el comercial y la explotación económica, pese a la ineficacia de los últimos monarcas de la casa de Austria. La riqueza mineral, sostén de la conquista y de las aventuras europeas de España, provocó en América el florecimiento de actividades conexas y el surgimiento de nuevos actores sociales, ampliando las relaciones económicas, las actividades productivas y los intercambios entre las comarcas. Así, lenta pero progresivamente, el comercio interno se desarrolló con independencia del comercio transatlántico, manejado por una elite criolla que con el correr del tiempo tenía cada vez menos raíces en tierra española y más en suelo americano. El criollo (dícese del español nacido en América) era excluido de la igualdad de derechos con los peninsulares, aunque tenía un rol preponderante en el manejo económico indiano. Esta tendencia se hizo evidente en la paulatina disminución del tesoro que cada año se enviaba a España. A la reducción en la explotación minera, se agregó la redistribución de un porcentaje cada vez mayor de la riqueza generada. Las colonias pasaron a apropiarse de una porción creciente de la producción para reinvertirlo en el aparato burocrático de administración, la defensa militar y el consumo. Además, en la medida en que la metrópoli no alcanzaba a satisfacer la demanda de bienes de sus súbditos americanos, estos comenzaron a desarrollar sus propias industrias (astilleros, ingenios azucareros, hilanderías, etc.) y a vender directamente la producción a otras colonias y, a través del contrabando, a otras potencia europeas. Así, mientras en España se daba la recesión, en América se producía el crecimiento económico. Promediando el Siglo XVIII los dos principales Virreinatos de América (México y Perú) no solamente no dependían de las importaciones de la metrópoli, sino que pese a las remesas enviadas a España, aún quedaban con capital para abastecerse del comercio colonial interno o

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El Despertar de la Banda Oriental  

Seminario del año 2011

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