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E s inevitable acudir a Zygmunt Bauman para describir con una palabra los tiempos que nos han tocado vivir: líquidos. La es-

tabilidad conquistada para unas pocas décadas, en las que parecía que en el destino de la humanidad triunfarían conceptos como el de ciudadanía, derechos y democracia, se ha manifestado mucho más compleja. El camino nunca es recto y las curvas y revueltas se suceden continuamente. Lo que nos demuestran las últimas dos décadas es cómo la democracia no es algo que esté asentado, al contrario. En primer lugar, en numerosos estados el concepto no deja de ser un elemento retórico, cuando no es negado directamente. En segundo lugar, en parte de nuestras sociedades occidentales la democracia está siendo empleada desde el cinismo y la hipocresía.

No son fáciles los retos de la democracia en los tiempos de la globalización y la complejización de los sistemas sociales.

Sin embargo, éstos todavía se hacen más difíciles si contamos con una ciudadanía que ha olvidado que la democracia no es un mero formalismo. La consecución de la democracia ha estado ligada a conceptos como la igualdad, la universalidad de los derechos y la participación. Inconformistas y utópicos, soñadores y luchadores, trabajaron por y para la democracia. En la actualidad, en mundos individualistas y en el que, como decía Josep Ramoneda el ciudadano ha sido sustituido por el consumidor, es necesario recuperar el concepto de democracia. Y participar, porque sólo con la participación de la ciudadanía se conseguirá esa recuperación.

E n las dos últimas décadas, los ciudadanos han hecho una dejación de sus obligaciones como tales. El sistema les ha em-

pujado a sentirse demócratas únicamente con votar en las elecciones cuando toca. Pero no, participar es mucho más. En primer lugar, es la necesidad de estar informado. Paradójicamente tenemos más información que nunca gracias a las TIC, pero nos perdemos en esa maraña. En segundo lugar, la sociedad civil es un cuerpo vivo que está adormecido y que sólo se ha levantado en parte.

C omo tantas cosas, hemos pensado que la democracia era algo asentado y que ya estaba conseguido. Como tantas veces, nos equivocamos. La democracia se construye día a día, desde la actitud personal e individual y desde la colectiva. Somos responsables, como también lo es un sistema que ha abonado la inacción política. Sin embargo, todavía estamos a tiempo de recuperar el terreno perdido.

democracia

Profile for Andrés García

Fanz103  

Estas páginas se han impreso gracias a la generosa implicación de 27 personas entre los que hay editores, poetas, periodistas, arquitectos,...

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